Gramoflor es ejemplar también en la renaturalización intensiva y sostenida de las turberas explotadas, que se transforman en biotopos ricos en especies y de gran valor ecológico. Una aportación importante para la protección de la naturaleza y, para nosotros, un compromiso obvio con las siguientes generaciones.
En Alemania hay aproximadamente 370.000 hectáreas de superficies de pantanos. Casi un 60 % de las zonas de pantanos se explotan para la agricultura y silvicultura. Más de un 30% de estas superficies, aproximadamente 120.000 hectáreas, son humedales naturales, superficies de molinia caerulea o áreas forestales. Estos humedales bien ya están protegidos, o bien son dignos de protección. Siempre que no sean el resultado de medidas de renaturalización después de la explotación, no se proyecta la explotación de tales áreas. Menos de un 10 % se usan para la extracción de turba cumpliendo estrictos requisitos por parte de las autoridades. La explotación de turba sólo tiene lugar en humedales degenerados que, debido a un uso agrario anterior, han sido secados previamente. Por todo ello, no se pierden humedales debido a la explotación de la turba, sino que se vuelven a llenar de agua después de ésta y se entregan para el desarrollo de biotopos de gran valor.*
Los humedales freatogénicos ocupan una superficie de aproximadamente 1 millón de hectáreas en Alemania. Ya que más de un 95 % de estas áreas se explotan para fines agrarios y forestales, no se los percibe como parte del paisaje. En tales humedales no hay explotación de turba.*
Todas las superficies que explota Gramoflor están autorizadas para ello de conformidad con la ley de protección del medio ambiente de Baja Sajonia. Tanto la extracción cuidadosa y respetando en la medida de lo posible los recursos y el medio ambiente, como la renaturalización posterior de nuestros humedales, se realizan en estrecha colaboración con las autoridades locales de protección de la naturaleza. Nuestro objetivo es restablecer el paisaje típico de humedal en las áreas afectadas y con la mayor extensión posible para contribuir así de forma esencial en el mantenimiento y recuperación de hábitats de humedales de gran valor.
El nivelado de las superficies es la base que posibilita recuperar el humedal. En combinación con investigaciones estatigráficas como perforaciones o exploraciones con georadares, se mide la profundidad absoluta y la altura sobre el nivel del mar con GPS. De esta forma, se documenta el estado de partida de las superficies y se posibilita un desarrollo eficaz de la planificación.
Renaturalización significa, principalmente, devolver el agua a estas superficies. Para ello mantenemos una capa que conserva la vida del humedal. Las acumulaciones de arena o pendientes extremas en los bordes se exceptúan según los casos particulares. La superficie se va llenado de agua poco a poco cerrando las vías de desagüe y mediante la acumulación del agua de lluvia. Al transcurrir entre 2 y 4 años, la capa restante de turba revive gracias a la acumulación de agua y ofrece alojamiento a las plantas y animales típicas de los pantanos.
Si no crecen musgos de humedal, hierba algodonera y otras plantas típicas de humedales por sí solas, apoyamos su desarrollo “inyectando” la superficie con semillas. Con el tiempo, se desarrolla una superficie de musgo de humedal cerrada. Debido al agua sobrante y falta de aire, las plantas se van convirtiendo en turba. De esta forma, surge un humedal vivo de una superficie desecada.
Biólogos y ornitólogos hacen el seguimiento de las medidas de renaturalización mediante catas o puntos de observación permanentes. Con tal seguimiento, llamado “monitoring”, se pueden obtener las condiciones óptimas para el desarrollo de la flora típica de humedales. Apoyamos este proceso de forma eficaz poniendo a disposición personal con experiencia en humedales y un parque de máquinas especial para humedales.
Una de las principales razones de que Baja Sajonia sea líder a nivel internacional en la renaturalización de humedales después de su explotación como turberas es el compromiso de empresas como Gramoflor. Ya hoy hay aproximadamente 10.000 hectáreas de antiguas turberas explotadas en fase de renaturalización y van a seguir otras 20.000 hectáreas en las décadas siguientes.